Exiliada en el lavabo

Adicta Anónima

Iniciar un tratamiento contra las adicciones en un centro de rehabilitación no me parecía un buen plan.

Me sonaba demasiado fuerte, como para gente que está realmente mal.

Avergonzada y con recelo, me veía asistiendo a largas terapias para explicar ante desconocidos cómo, contra pronóstico, mi vida se había convertido en un drama personal y familiar. Para más inri, rodeada por personas con quien no me sentía cómoda, con dependencias más graves, totalmente arruinadas y enfermas.

Y si yo no estaba así…, ¿qué pintaba con ellos?

¿Tienes curiosidad por saber quien soy?

Me llamo Lola, tengo treinta y pocos años y en mi historial cuento con numerosos episodios de dependencias a sustancias químicas y problemas de conducta. ¿La peor?  ¡La coca!

Exiliada en los lavabos consumía en secreto día sí y día no; y vuelta a empezar.

Un día me dolía el cuerpo y otro el alma, pero mantuve mis adicciones en secreto a pesar de que mi deterioro físico llegó a ser evidente.

Madre entregada, esposa perfecta, hija independiente, amiga carismática y profesional de éxito. A simple vista, mi vida puede parecer envidiable, pero hubo un tiempo en el que estaba llena de trampas y de rincones oscuros donde me refugiaba cuando me sentía agotada de vivir una vida que no me hacía feliz.

De mi niñez acarreo algunos traumas; y de la adolescencia, una anorexia bulímica y varias depresiones ¡de las de verdad!

¿Sabes qué? La bella y dulce Lola tenía tantas ganas de comerse el mundo que, de la idea constante del suicidio, pasó a querer coleccionar experiencias positivas como si no hubiera mañana.

Pero no fue fácil. Durante años me convencí de que yo no tenía ningún problema de adicciones. A las drogas les atribuía propiedades ludicofestivas y justificaba mis otros excesos como daños colaterales sin importancia, provocados por el ritmo de la vida moderna.

Como si fuera normal pasarse 40 horas seguidas en un despacho, sin comer nada si iba de coca o mucho si ese día tocaba marihuana y gastándome miles de euros en cosas estúpidas que compraba en Internet.

Suena muy tópico, pero fue la maternidad lo que determinó mi cambio radical.

En mi caso, las cosas fueron a peor. Abandoné las luces de las discotecas y me sumergí en los lavabos, para drogarme y reflexionar por qué lo estaba haciendo. Había pasado por un sinfín de terapias y conocía los secretos del coaching antes de que se convirtiera en una moda, pero no tomé conciencia del peligro hasta que me vi con dos gramos de cocaína en el monedero casi a diario.

Al borde del abismo, sentí que había llegado el momento de tratarme a mí misma como si fuera una auténtica desconocida, y me convertí en mi mejor terapeuta.

Ahora, mi gran adicción es rescatar los sueños de chicas como yo.

Las dependencias empeoran a pasos agigantados y cualquier día te llegará el turno: Dejarás de ser quien creías ser y te convertirás en una de esas almas en pena.

Tranquila.

La buena noticia es que puedes evitarlo, aunque tienes por delante una doble tarea: poner freno a los malos vicios y aprender de las lecciones vividas. Se trata de convertir un problemazo en la gran oportunidad para que cojas las riendas de tu vida y la conviertas en lo que tú quieras.

LA FÓRMULA DE MI RECUPERACIÓN

  • 20% ACEPTACIÓN DEL PROBLEMA

    Tanta investigación sobre las dependencias me fue genial para dejar de negarme la evidencia. No hay nada más estúpido y destructivo que el autoengaño. Por eso, liberarme de mis propias mentiras tuvo un efecto mágico.

    Te aseguro que en cuanto aceptas una realidad, puedes cambiarla. Yo me consideré recuperada el mismo día que fui capaz de plantarme delante del espejo, mirarme a los ojos y llamarme adicta, con respeto y una sonrisa.

  • 20% AUTOCONOCIMIENTO

    Encontré mi esencia gracias a las miniterapias que me inventaba para extraer la máxima información posible de la Lola adicta y de la Lola en la que me quería convertir. Sin dramas, hurgué en antiguas heridas, para curar las que aún sangraban y, así, saber con qué obstáculos me iba a encontrar más adelante.

    El resultado de esos encuentros solitarios conmigo fueron centenares de papeles escritos, de todos los colores y tamaños, con apuntes, cuadritos, flechitas, tachones…, y ejercicios prácticos con los que me he divertido tanto como he llorado.

  • 40% PLAN DE ACCIÓN

    Con el entusiasmo que provoca saber que lo más urgente es una misma, diseñé una estrategia infalible para conseguir mi libertad. Consiste en elaborar una hoja de ruta con todo lujo de detalles y no olvidarme de aplicarla (ni de ir modificando sobre la marcha cuanto sea necesario).

  • 20 % GESTIÓN DE RECAÍDAS

    Cuando hablamos de abandonar una adicción, cualquier error de cálculo se paga caro. Aunque pueda resultar contraproducente saberlo, no podía obviar que las recaídas son habituales y naturales en el proceso. De hecho, creer que tú estás a salvo y no recaerás es el primer paso que darás antes de tropezar.